Autismo y antipsiquiatría

Autismo y antipsiquiatría

El 2 de abril de 2023, la Secretaría de Salud Jalisco publicó en su página de Facebook lo siguiente: «El autismo es una condición humana que modifica la forma de comportarse, comunicarse y aprender. No se trata de una enfermedad, sino una situación natural que dificulta la interacción con el mundo exterior» En una imagen publicada junto a este texto, con motivo del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, se puede leer: «Iluminemos de azul. El autismo no es una enfermedad, es una manera diferente de interpretar el mundo»

¿Qué podemos decir a esto?
Quitarle la realidad patológica a un trastorno del neurodesarrollo es desinformar. ¿Es el autismo una situación natural? ¿es una manera diferente de interpretar el mundo? ¿qué pretende una instancia gubernamental al difundir estas ideas en redes sociales? ¿no estamos alejando al autismo del ámbito médico tanto en su dimensión clínica como de investigación? ¿no hay algo de anti-psiquiátrico en todo esto?
Si prestamos atención, escucharemos todavía resonar en nuestros oídos los ecos del pensamiento anti-psiquiátrico popularizado por Thomas Szasz a inicios de la década del sesenta en su obra 𝘌𝘭 𝘔𝘪𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘌𝘯𝘧𝘦𝘳𝘮𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘔𝘦𝘯𝘵𝘢𝘭 (1961). En ese entonces era común escuchar que la esquizofrenia no era una enfermedad, sino un patrón comunicacional y comportamental que tenía su origen en las dificultades de un individuo para lidiar con los problemas de la vida. Sin que esto estuviera relacionado con una afección de órganos o tejidos.
Thomas Szasz lo expresaba así: «Es corriente definir la psiquiatría como una especialidad médica dedicada al estudio, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales. Esta definición es útil y engañosa. La enfermedad mental es un mito. Los psiquiatras no se ocupan de las enfermedades mentales y de su terapia. En la práctica enfrentan problemas vitales de orden social, ético y personal».

Si dejamos que se difunda la idea romántica de que el autismo no es una enfermedad, sino tan solo una manera de ser y de estar en este mundo, entonces quizá sean pocos los médicos que quieran dedicar sus vidas a comprenderlo y tratarlo. Quizá sean pocos los investigadores centrados en descubrir medicamentos para aliviar o atenuar sus síntomas. Quizá sean pocos los políticos interesados en asignar recursos para el tratamiento de estos niños. Quizá sean pocas las compañías de seguros médicos dispuestas a dar cobertura a este trastorno y quizá sean pocas las instituciones públicas y de seguridad social (IMSS, ISSSTE, Secretaría de Salud, etc.) capaces de otorgar servicios de calidad para esta población.

Este es ya el escenario en el que se ven inmersos muchos padres de familia, peregrinando de un lugar a otro en busca de ayuda para sus hijos. ¡Ojalá tuviéramos más y mejores médicos para tratar el autismo! ¡Ojalá tuviéramos más y mejores instituciones para atender este padecimiento!

Los niños con autismo tienen el derecho de contar con las facilidades para que un médico, con conocimientos y experiencia, pueda evaluarlos y ayudarles -en la medida de lo posible al día de hoy- a aliviar su sufrimiento y sus problemas de adaptación. Los síntomas de autismo tienen su origen en alteraciones o anomalías en el funcionamiento del cerebro y de otros órganos. Al restarle la realidad patológica al autismo en realidad lo estamos invisibilizando.

Fuente: Szasz, T. I. (2024). El mito de la enfermedad mental. Bases para una teoría de la conducta personal. Málaga, España: Amorrortu Editores.

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