A la crianza respetuosa no le interesa el respeto en un sentido amplio
Estuve en pasados días revisando un manual sobre 𝘤𝘳𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘦𝘵𝘶𝘰𝘴𝘢 publicado por UNICEF (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia). ¡Gran decepción! En ningún momento se contempla la posibilidad de que los padres, humildemente, le pidan perdón a un hijo por el mal ejemplo dado. No podemos negar que son muchos los hogares donde los padres les dan a sus hijos un mal ejemplo acerca de cómo llevarse con otras personas, principalmente con la pareja. Soslayar este asunto en medio de una pandemia de divorcios, separaciones y violencia familiar sería como querer tapar el sol con un dedo.
Pedirle perdón a un hijo por el mal ejemplo dado es justamente respetarlo como persona. ¿No es correcto?, ¿dónde queda pues la dimensión «respetuosa» de la 𝘤𝘳𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘦𝘵𝘶𝘰𝘴𝘢? Pedirle perdón a un hijo no les quita autoridad a los padres, ¡al contrario!, los engrandece.
La 𝘤𝘳𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘦𝘵𝘶𝘰𝘴𝘢 tampoco nos dice mucho acerca de cómo los padres pueden ganarse o recuperar el respeto de los hijos. En este modelo de crianza el asunto del respeto está enfocado unilateralmente. Grave error. A la crianza respetuosa no solo no parece preocuparle que los padres no se traten respetuosamente entre sí, sino que tampoco parece interesarle que el hijo sea irrespetuoso con ellos. Una vez más… ¿dónde queda la dimensión «respetuosa» de la 𝘤𝘳𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘦𝘵𝘶𝘰𝘴𝘢?
Con todo el respeto que me merecen los entusiastas de la 𝘤𝘳𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘦𝘵𝘶𝘰𝘴𝘢, resulta inevitable preguntarse: ¿no serán estos nuevos modelos y enfoques los que contribuyen en buena medida a todos los problemas de conducta que vemos en los niños y adolescentes el día de hoy?
𝘙𝘦𝘴𝘱𝘦𝘵𝘶𝘰𝘴𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦, comparto esta reflexión.