Reconceptualizando el término de autismo

Reconceptualizando el término de autismo

𝗡𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝗰𝗲𝗽𝘁𝘂𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗿 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗼𝘆 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼. El término 𝘢𝘶𝘵𝘪𝘴𝘮𝘰 viene de dos vocablos griegos: αὐτός que significa «uno mismo» e ισμός que significa «actitud o tendencia». En otras palabras, autismo quiere decir 𝗲𝗻𝘀𝗶𝗺𝗶𝘀𝗺𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 (para el Diccionario de la Real Academia Española: «desentendido del mundo exterior»). Sin embargo, a menudo esto no describe la fenomenología de lo que hoy conocemos como 𝘵𝘳𝘢𝘴𝘵𝘰𝘳𝘯𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘤𝘵𝘳𝘰 𝘢𝘶𝘵𝘪𝘴𝘵𝘢. Más bien es lo opuesto.

Una adolescente con autismo me decía en la consulta: «me saturo de tanta información del universo». Un padre de un niño de cuatro años con autismo me comentaba: «pareciera que por querer estar en todos lados no está en ningún lado». De forma similar, la madre de una adolescente diagnosticada como autista me comentaba: «las dificultades en la escuela son porque ella dice que escucha todo lo que sucede en su salón».

Pareciera que más que estar ensimismados, las personas con autismo 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗳𝗶𝗹𝘁𝗿𝗮𝗿 𝗼 𝗲𝗻𝗳𝗼𝗰𝗮𝗿 toda la información que reciben tanto de estímulos internos como externos.

En al autismo se cumple el principio establecido por Alfred Korzybski (𝘚𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘦 𝘢𝘯𝘥 𝘚𝘢𝘯𝘪𝘵𝘺, 1933) y más tarde popularizado por Gregory Bateson (𝘚𝘵𝘦𝘱𝘴 𝘵𝘰 𝘢𝘯 𝘌𝘤𝘰𝘭𝘰𝘨𝘺 𝘰𝘧 𝘔𝘪𝘯𝘥, 1972): «𝗲𝗹 𝗻𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝘀𝗮 𝗻𝗼𝗺𝗯𝗿𝗮𝗱𝗮».

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